Una vez que nos avisan que las puertas del teatro se
abrieron, comienza la
travesía...esperar que nuestro amado publico haga coincidir el bendito numero de su entrada con el de la butaca, que se encuentren en la puerta la
tía y la prima, con la
madre y el padre por que no sabe bien de que se viste "la nena" y no se la quieren perder, o de que los abuelos entren hasta la
primera fila dejando las manos libres para aplaudir y secar las
lágrimas que provoca ver a los
pequeñi
nes y a los no tanto bailando.
Mientras todo esto sucede, nosotros estamos en los camarines
preparándonos para que todo salga maravilloso,
increíble, colosal...
Los camarines son la verdadera odisea por la que pasa todo artista antes de salir a escena,
allí:
Nos peinamos...


Nos maquillamos...

Jugamos...

o simplemente nos mata la espera y caemos rendidos...
